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ANTIGUAS FáBULAS DE VUELO

Dédalo el Inventor

Dédalo, un personaje de la mitología griega, era conocido por todas partes como un gran escultor, arquitecto e inventor. Desafortunadamente,un día enfureció al rey quien lo encerró, junto con su hijo Icaro, en una torre alta. Siendo un inventor extraordinario, Dédalo ingenió un plan de escape. Pidió velas para que, según él, pudiera seguir leyendo y estudiando.

En realidad, él utilizó la cera y las plumas de los pájaros que volaban alrededor de la torre para construir un par de alas. Observando cuidadosamente a los pájaros, Dédalo colocó plumas grandes sobre las pequeñas para formar una superficie cada vez más grande. Los más grandes fueron ligadas con una cuerda mientras que las más pequeñas con la cera. Le dió al ala una curvatura gradual como la de las alas de los pájaros. Cuando por fín terminó con su obra, Dédalo agitó las alas y, complacido, vio como se elevaba hasta cerca del techo de su celda. ¡Él podía volar!

Rápidamente construyó un par de alas más pequeñas para su hijo y los dos hicieron vuelos de práctica en su celda. Antes de escapar, Dédalo le hizo unas advertencias a su hijo: "Mantente a una altura moderada. Si vuelas demasiado bajo, la humedad del mar estropeará tus alas. Si vuelas demasiado alto, el calor del sol las derretirá."

Icaro quedó encantado alegría con el poder del vuelo y se olvidó de las advertencias de su padre. Inclinó sus alas y se elevó como si se dirigiera al cielo. Pronto el sol ardiente ablandó la cera que sujetaba las plumas y estas comenzaron a desprenderse. Al notar que descendía, Icaro agitó sus brazos más y más rápidamente. Dédalo vio horrorizado como Icaro caía y se hundía en el mar. Su padre circundó varias veces sobre el sitio donde su hijo había desaparecido, pero lo único que pudo ver en la superficie del agua fueron unas cuantas plumas.

El Shaman Aadja

Esta historia habla del desarrollo del shaman. Él es el doctor, el sacerdote, el filósofo, el historiador y el poeta. Él es el amo de la naturaleza, capaz de convocar a las fuerzas de la naturaleza para obtener su poder.

Había una vez un joven que al enfermarse terriblemente cayó en un sueño profundo. Un día oyó un aleteo y vio que un cuervo negro lo miraba fijamente. El cuervo lo recogió y voló por una apertura en el cielo hasta el sitio donde el sol y la luna brillaban. Los habitantes de este mundo superior tenían cuerpos humanos con cabeza de cuervos.

El joven fue colocado en un nido donde fue colmado de cuidados. Fue haciéndose más y más pequeño hasta que quedó del tamaño de un dedal. Después de varios años, el joven fue enviado de regreso a la tierra y él perdió toda memoria de su vida anterior. Volvió a nacer, tuvo nuevos padres, y lo nombraron Aadja.

Cuando tenía cinco años, de repente recordó todo lo que había sucedido: cómo él había nacido y vivido en la tierra, cómo había vuelto a nacer entre la gente cuervo y cómo ahora tenía otra vida. Conforme crecía, Aadja iba descubriendo que tenía grandes poderes curativos. Cuando alguien en la aldea se enfermaba, se ponía en trance y buscaba en el paciente la causa de la enfermedad. Si había necesidad de usar un medicamento, convocaba a su guía espiritual, el cuervo, para que le mostrara donde crecía la hierba apropiada. Si determinaba que la persona había sido despojada de su alma, él volaba como un cuervo al mundo superior e intentaba traerla de regreso. Con cada nuevo descubrimiento, la humanidad ha ganado entendimiento y poder. Aparecen nuevas historias que ilustran nuestras cambiantes experiencias.

Crecemos más confiados en nuestra capacidad de dominar los elementos de la naturaleza. Podemos contrastar el Shaman Aadja con Sinbad el marino. Aunque Sinbad se encuentra con tremendas criaturas en sus recorridos, a él no lo ayudan los espíritus ni los dioses. Lo que él utiliza es su ingenio y conocimiento. Él es un héroe "moderno."

La Danza del Águila
Un día, un cazador esquimal hambriento mató a un águila de un disparo para alimentarse. Sin embargo, a su regreso a casa, se sentía tan mal de haber matado al águila que en vez de comérselo, lo rellenó y lo colocó en un lugar de honor. Cada vez que él traía algo de comer a casa, le ofrecía la primera probada al águila.

Un día, el cazador se perdió en una ventisca. Mientras esperaba a que la tempestad terminara, dos hombres lo encontraron y lo llevaron a su aldea. Estos hombres llevaban palos cubiertos de plumas. En la aldea, el cazador conoció a una mujer vestida de negro. Inmediatamente se dio cuenta que ella era la madre del águila que él había matado. La madre del águila le dijo que él había tratado bien a su hijo y lo había honrado apropiadamente. Ella le mostró al cazador la danza del águila, y le indicó que él debería memorizarla y enseñarla a su gente.

Después de que la danza terminó, la aldea del águila desapareció y el cazador se encontró de nuevo en medio de la ventisca. Él pudo regresar a su aldea y les relató acerca de su encuentro con la gente águila. También les enseñó la danza y cada año, la bailaban, tal y como se les había indicado. Nunca más cazaron el águila y sus redes y trampas estuvieron siempre llenas.

Los Pájaros de Trueno

La mayoría de las imágenes mitológicas relacionadas con el vuelo tienen que ver con pájaros. Estos animales mitológicos eran como nosotros, pero ellos eran capaces de controlar la gravedad. Se les consideraban seres poseedores de una relación especial con las fuerzas de la naturaleza. A menudo adquirían formas de dioses. A veces, los hombres se transformaban en pájaros. Servían como guías, compañeros, mensajeros y guardianes. Entre las tribus nativas a través de Norteamérica, el águila o pájaro de trueno era una figura poderosa.

Era asociada con el cielo, el sol, el trueno y otros fenómenos. Aquellos que eran alcanzados por sus rayos eran iluminados o destruidos. En muchas culturas hay gente con poderes especiales, logrados a través de una relación con espíritus de pájaros. En China, a los hombres de la montaña se les consideraba inmortales y capaces de volar. En la India, el término usado para dirigirse a un maestro yogi es Paramahamsa, o "supremo ganso salvaje." El dios indio Brahma voló en un ganso salvaje. Y en Egipto, la gente creía que cuando una persona moría, su alma se desprendía del cuerpo en la forma de un pajarito.

Murciélagos

Una criatura voladora que todavía inspira miedo a los seres humanos es el murciélago. Los aborígenes australianos poseen una historia acerca una raza de criaturas humanoides pero con alas de murciélago que capturaron a una familia de hermanos. Los hermanos lograron escapar. Las danzas extrañas que supuestamente vieron realizar a los hombre murciélago todavía se utilizan en rituales hoy en día. En Europa Oriental, se asocia a los murciélagos con los vampiros, criaturas que se levantan en la noche para hacer daño a los seres vivos.

Sinbad

Como siempre, Sinbad se hacía a la mar simplemente porque se aburría con la vida callada de la ciudad. Un día, llegó a una isla extraña y accidentalmente el barco zarpó sin él. Entonces subió hasta la cima de un árbol alto e inspeccionó la tierra a su alrededor. Vio algo que parecía una gran roca blanca y caminó hacia ella. Era muy lisa y resbaladiza. De repente, un pájaro grande aterrizó y se sentó en la roca. En realidad, era un huevo gigantesco. El pájaro era tan grande que sus piernas eran más gruesas que los troncos de los árboles. Sinbad desenredó su turbante y se ató a una pierna del pájaro.

Cuando el pájaro prendió vuelo, Sinbad fue transportado hasta muy alto en el cielo. Él estaba muy orgulloso de sí e imaginaba que en poco tiempo, estaría de regreso a casa. En cuanto el pájaro aterrizó, Sinbad desató su turbante y se vio libre. Al mirar a su alrededor, Sinbad se desanimó. Estaba rodeado de montañas tan altas que tocaban las nubes y tan empinadas que no podían ser escaladas. Entonces él hizo otro sorprendente descubrimiento. Esparcidos en el suelo habían miles de diamantes esplendorosos, algunos tan grandes como su cabeza. Estaba rodeado de una riqueza enorme, pero estaba atrapado.

De repente, algo cayó al suelo, cerca de él. Era un pedazo grande de carne, que al aterrizar, se ensartó en los diamantes. Después más pedazos de carne cayeron alrededor de él. Inmediatamente, un pájaro apareció, recogió la carne acribillada con los diamantes y voló lejos. Sinbad tomó algunos diamantes y los metió en su bolsa y la ató alrededor de su cintura. Después colocó un pedazo de carne en su espalda y lo envolvió con su turbante. Luego se acostó boca abajo en el suelo. Pronto otro pájaro bajó y recogió la carne amarrada a Sinbad. Sin aliento, Sinbad se elevó en el aire a gran altura.

Por fin, el pájaro se posó sobre un acantilado y ahí hizo su nido. Tan pronto como el pájaro aterrizó, alguien pegó un grito y ante el asombro de Sinbad, un hombre apareció. Con la ayuda de un palo, el hombre logró ahuyentar al pájaro. Él también se sorprendió al ver a Sinbad en el nido. Este hombre era quien había tirado los pedazos de carne y quien se apoderaba de los diamantes cuando los pájaros volvían a su nido.

A Sinbad le encantó la inteligencia del hombre y le dio los diamantes que él había escondido en su bolsa. El hombre guió a Sinbad por la ladera de la montaña hasta la orilla del mar y lo puso en el siguiente barco que atracó en el puerto. Cuando Sinbad volvió a casa, se convirtió en un hombre de gran fama y fortuna.

Pegaso, el Caballo Volador
El deseo más grande de Belerofonte era montar a Pegaso, el magnífico caballo con alas. Él pensaba que nunca podría acercarse a Pegaso y mucho menos domarlo y montarlo. Una noche, la diosa Atena se le apareció en un sueño. "Aquello que el hombre jura que no puede ser realizado, no debe ser esperado. El poder en alto lo pondrá en sus manos con facilidad".

Al despertar, Belerofonte encontró a sus pies un freno de caballo, hecho de oro. Fue al prado preferido de Pegaso y encontró a ese maravilloso caballo. Pegaso se acercó a Belerofonte trotando y permitió que lo montara sin resistirse. El caballo y el jinete formaban un apareja perfecta y vivieron muchas emocionantes y exitosas aventuras juntos.

Desafortunadamente para Belerofonte, él estaba empeñado en convertirse en un dios. Un día, saltó sobre Pegaso y lo incitó a subir al Olimpo, el hogar de los dioses. Sin embargo, Pegaso era más prudente y por vez primera no quiso obedecer. Arrojó a su jinete al suelo y se echo a volar. Belerofonte, cuya ambición había crecido demasiado, tuvo que andar a pie sin rumbo por el resto de su vida, evitando el contacto con la gente.

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Fuente: Mitología y Leyendas


Disponible en sección: Cuentos y Fábulas

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