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RELATOS DE NIñOS DE ANTAñO Y SUS MASCOTAS

Aunque vivían puertas afuera, los animales de antes también ocupaban un lugar importante en el corazón de los más chicos

Tony fue la mejor técnica que pudieron idear los padres de Olguita, para que se quedara tranquila. "Yo tenía 6 años. Mi papá era ferroviario y, en vacaciones, como él tenía que cuidarme, me llevaba a la Estación Mapocho. Entonces, para que yo no me arrancara, me regaló un quiltro blanco de pelo largo, tipo maltés: el Tony".

A sus 66 años, Olga Rocco recuerda hoy esas idas a la estación: "Mi papá lo sentaba en un cajón que colocaba en la parte delantera de su bicicleta y yo iba al lado en otra bici".

Fue su amigo de toda la vida, "si duró hasta un año después que me casé; vivió como 16 años". Pese a esa amistad, no eran tiempos de perros arriba de la cama o metidos en la cocina. "Él dormía en un sillón viejo en el patio, pero para mi cumpleaños, me lo bañaban y le ponían una cintita. Ése era mi mejor regalo, porque le permitían entrar a la casa y que pasara el cumpleaños jugando conmigo".

La de Olga y Tony era una relación atípica, pues los animales otrora eran más una herramienta de trabajo que mascotas para dar afecto. Como los guardianes de la casa de Lucía Márquez (85): Cadena, Rasputín y Sanfuentes, bautizado en "honor" a don Juan Luis, presidente para nada querido en la familia.

Nada de pellets. "Mi papá iba al matadero y les compraba tripas. También comían chicharrones con harinilla, pero en la mañana, pues si comían de noche se quedaban dormidos y no cuidaban ni una cosa".

Pero sin duda, quien se roba sus recuerdos de infancia es ese San Bernardo con quien jugaba a la escondida, pero de quien no logra recordar su nombre. "Era el único perro grande que andaba suelto todo el día. Con mis hermanos nos ocultábamos en las matas de hortensias y él nos encontraba a todos".

Rosalía Barros (78) vivía en las afueras de Temuco, y con ella, dos chanchos y Napoleón, el caballo blanco que tiraba la carreta que llevaba a los 12 hermanos al colegio. "Bueno, cuando quería, porque a veces se echaba y ahí teníamos que llegar a pie".

Los chanchos eran cuento aparte. "Un día, mi hermano Patricio quiso hacer una representación para mi mamá con ellos, pues estaba convencido de que los tenía domesticados. Sujetó los cerdos a un carrito, se subió y les ordenó andar. Partió cada uno para cualquier lado y él quedó en el suelo". A Patricio le prohibían ejercitarlos mucho, porque no engordarían. El final de los cerditos ya estaba escrito.


MARÍA PAZ CARVAJAL.

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Fuente: EL MERCURIO.

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AAA

dodo2013-07-25
no informa tanto

jennifer

impactante las fotos2004-04-25
quien es el ser humano para adjudicarse el derecho a manipular, maltratar a los animales, que tiene de supeior el hombre si necesita una casa, ropa,computador, auto para trasladarse equipor para detectar lluvias, cuando las horminas detectan las lluvias son más organizadas que una fábrica de seres humanos, los pinguinos jamas abandonan a sus polluelos, los animales cambian su piel y no necesitan ropa , quien puede decir que ellos los animales no son inteligentes y organizados, quienes somos los seres humanos para manipular sus vidas, el hombre tiene tanto que aprender de los seres humanos.

roxana duran

Actividad por animales de laboratorio2004-04-25
hola!

actividad por la semana del animal de laboratorio. Domingo a de 2 a 8 parque forestal (detras del MAC) ...

organiza cordinadora Liberación Animal



Diego



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