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TRATAMIENTO PSIQUIATRICO CANINO

“Los perros ven a los seres humanos como si fuéramos otros perros”.

Según la veterinaria Astrid Concha, si su perro se lame las muñecas o se muerde la cola, es posible que padezca un severo trastorno conductual. Esta joven facultativa revela los insondables misterios de la mente canina, y dice que, en determinados casos, resulta de lo más saludable darle fluoxetina, clomipramina o selingilina al regalón de la casa, aunque en dosis moderadas.

Lo primero que hace la psiquiatra de perros Astrid Concha para saber si un paciente suyo padece un trastorno conductual es someterlo a rigurosos exámenes, de pies a cabeza, con el primordial objetivo de descartar de plano cualquier enfermedad endocrina o neurológica.

Si los resultados de tales exámenes en efecto descartan males de esa estofa, la doctora recaba entre los familiares humanos del sufriente aquellos datos que ayuden a comprender la historia clínica del animal. “Me sirve cualquier detalle, por más chico que sea, y por eso a los parientes les repito varias veces la misma pregunta, para hacerme un dibujo claro de la situación: a qué le tiene susto el perro, cuántas horas al día duerme, a qué edad llegó a la casa o cuándo comenzó a exhibir la patología que ha originado la consulta de sus amos. Si el paciente en la casa tiene un comportamiento agresivo, si toma agua constantemente sin razón alguna, si se muerde la cola y tiende a la automutilación, evidentemente los síntomas corresponden a un caso de trastorno conductual”.

Para poder hacer semejante diagnóstico, la facultativa Concha, de 28 años, tuvo que titularse de médico veterinario en la Universidad Santo Tomás y especializarse en electroencefalografía y en conducta animal en Brasil y Argentina. La mujer atiende su consulta en el Instituto Neurológico de Chile y es uno de los escasos profesionales a lo largo y ancho de este país que se dedican infatigablemente a develar los misterios de la mente perruna.

-¿Cuánto cobra por una consulta?

-Entre quince y veinte mil pesos.

-¿No cree que es un poco caro?

-No. Es más barato que un psiquiatra para la gente.

-¿Cuánto puede durar un tratamiento?

-Es variable, pero al segundo mes el paciente ya funciona favorablemente.

-¿Es cierto que el carácter de los perros refleja el carácter de sus amos?

-No siempre es así. El veinte por ciento de los problemas conductuales de los perros se debe a su raza y el ochenta por ciento a su entorno.

Sucede, según la doctora Concha, que una mascota se integra a un sistema familiar preexistente y comienza a tener un rol en el mapa de la familia, donde cada elemento ejerce una función. Ese espacio reservado exclusivamente para la mascota dota a ésta de un rango y una jerarquía. Desde el sexto mes de vida, los perros desarrollan su sexualidad, y desde el año y medio hasta el tercero se abren socialmente. “Es ahí cuando empiezan los problemas y el animal entra en conflicto”.

-¿Qué tipo de conflictos?

-Los perros funcionan socialmente en un sistema jerárquico, es decir, defienden el límite de su territorio, y, cuando ven amenazada la integridad de su dominio, reaccionan no sólo frente a otros perros, sino también frente a los humanos. Pongamos el ejemplo de que mi marido y yo empezamos a discutir a gritos frente a nuestro perro, ignorándolo totalmente. El perro sufre un desplazamiento, no sabe cómo reaccionar y se pone ansioso o agresivo. El animal necesita una vía de escape, encontrar una puerta de salida.

-¿Qué hace el perro en esa circunstancia?

-Depende: puede comer en exceso, lamerse las muñecas o morder a alguien. Generalmente, los perros llegan a mi consulta aquejados por el trauma de una separación prematura de la madre, lo cual les genera un carácter inseguro y agresivo.

-¿No se dan cuenta de que somos distintos?

-Jerárquicamente hablando, los perros ven a los seres humanos como si fuéramos otros perros.

-¿Y nosotros cómo los vemos?

-Como parte del grupo familiar. Muchas discusiones en las casas se originan a raíz de las mascotas.

-O sea, al tratar a un perro, usted le saca la foto a la familia entera.

-Sí, por supuesto. Una vez vino a verme una señora que traía a un cachorro de lo más sano y que repetía insistentemente: “¿Sabes? Yo creo que a mi perrito le pasa algo”. Terminó hablándome de sus problemas personales, que eran terribles.

-¿Me está diciendo que las personas proyectan sus propios demonios en sus mascotas?

-Sí. La cultura oriental dice por ahí que los animales absorben las emociones de sus dueños. Yo antes tuve un perro que era igual de mañoso que mi papá.

Una vez elaborado el cuadro general y detectado el problema del perro, se pasa a la etapa del tratamiento con psicotrópicos. Los animales, en este sentido, son iguales a la gente y, como cualquier hijo de vecino, toman fluoxetina para mejorar el nivel de la sinapsis, clomipramina para amainar un estado panicoso y selingilina para calmar la hiperactividad. “Los medicamentos se compran en farmacias, con receta retenida y en dosis más reducidas que para los seres humanos”, afirma la doctora.

-¿Los perros se pueden volver adictos a los fármacos?

-No. Lo único que ocurre es que si interrumpes abruptamente su tratamiento los síntomas aparecen de nuevo. Yo a un perro le doy ansiolíticos para empezar a trabajar con miras a un tratamiento.

-Una vez un amigo mío le dio un tremendo beso a su polola frente al perrito de ella y éste se tiró a morderlo. ¿Son celosos los perros?

-Hablar de celos en los perros es antropomorfizarlos demasiado. Ellos no sienten celos, sino competencia. Puede que el perrito de tu amiga haya estado defendiendo a su hembra y se haya sentido con pleno derecho para hacerlo.

-También leí en el “Reader’s Digest” que existen animales que se lanzan desde lugares altos para atentar contra su propia vida. ¿Es posible esa locura?

-A mí nunca me ha tocado. Sí he visto cachorros que al ser apartados de su manada dejan de comer y dormitan todo el día. En otras palabras, se dejan morir.

-¿Existen casos perrunos clínicamente perdidos?

-Sí. La predación, matar a la presa solamente por matarla, es patológico y genético, y casi no tiene vuelta. Vendrían a ser como los psicópatas sueltos en las calles, aunque son casos contados.

-¿Es verdad eso de que “perro que ladra no muerde”?

-No.


Pablo Siddhartha Riquelme.

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Fuente: Las Ultimas Noticias.

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